| 2007 Feb Nonatos contra vitalicios. Porfirio Muñoz Ledo |
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La presencia de Felipe Calderón en Davos sorprendió a propios y extraños. En contraste con el discurso centrista y el ánimo apaciguador de sus primeras actuaciones, de pronto asumió el tono beligerante y el simplismo reaccionario de su antecesor. Como si el recuerdo de su primera aparición en ese foro, cuando joven militante, lo hubiese devuelto a su verdadera naturaleza. Dejó la impresión de haber perdido la brújula, o de que ya se le estropeó, porque sólo apunta hacia el norte. En contraste con un periplo europeo cuidadosamente concebido y con el mensaje conciliador de la diplomacia mexicana, decidió granjearse la simpatía del gran capital agrediendo a otros gobiernos de nuestra región. Desmintió el significado de su asistencia a la toma de posesión de Daniel Ortega y del saludo cordial que había brindado a Hugo Chávez. Olvidó su dicho en el sentido de que el futuro de México está en América Latina y, lo que es peor, nadie le va a agradecer ese gesto, que sólo revela pensamiento anacrónico y torpeza política. |